lunes, 17 de diciembre de 2007

Las cosas que son

Hay muchos temas interesantes para tocar en una conversación. Dependerá del gusto de los interlocutores, pero es evidente que siempre habrá un tema que nos toque la fibra sensible o nos haga vociferar como energúmenos.

El caso es que me encontraba la otra noche en casa de mi costillita, trajinándome unas derivadas, cuando llegó el hermano pequeño de ésta. El pollo estaba mosqueado, pues se conoce que se puso a discutir sobre asuntos filosóficos y discursos existencialistas con sus amigotes, y, como es de ley, no se ponían de acuerdo. Después de preguntarme qué coño hacían estos gañanes discutiendo sobre algo que no fueran tetas o culos, me interesé por la cuestión.

Resulta que se habían puesto a discutir sobre metafísica. En resumidas cuentas, estaban los que pensaban que el mundo existe porque sí, y los que pensaban que para existir, las cosas necesitan previamente que alguien tenga consciencia de ellas. MADRE DEL AMOR HERMOSO, con mayúsculas.

Tras el shock inicial, me puse en situación y comencé a imaginar ejemplos aburdos. Se me ocurrió pensar en Newton, y me imaginé al padre de los Principia flotando en un prado verde con una manzana gravitando a su alrededor. Sir Isaac diría algo como "esto, con una cosa a la que yo llamaría gravedad, no pasaría". En ese preciso instante, matemático y manzana, junto al resto de cosas que hasta entonces flotaban, caerían al suelo por efecto de la recién imaginada gravedad. A mí me dio la risa.

Hay cosas que son, que no es preciso imaginar para que existan. Las podemos bautizar o cambiarles el nombre, pero fueron, son y seguirán siendo la misma cosa. No vamos a pelearnos por una cuestión semántica. En definitiva, me parece una chorrada como la copa de un pino decir que "para que algo exista en esencia, previamente debe haber alguien que lo imagine, pues de no ser así, no tendremos constancia de su existencia". Ya empezamos con que el rollo ese del árbol que se desploma, y si hace o no hace ruido al caer. Ruido hace, coño, lo que pasa es que no lo oyes.

En fin, ¿se merece este asunto una entrada? Lo dudo. Pero joder, que una panda de adolescentes en plena efervescencia trate este tipo de temas es, cuanto menos, un expediente X. También se preocupan por otras cosas que a nadie le importan un huevo, pero que luego no digan que sólo saben hablar de fútbol, tetas y culos.

Sólo hay una cosa que me intriga, y que nunca llegaré a comprender. ¿Cómo puede alguien mosquearse por semejante gilipollez?